viernes, 8 de marzo de 2013

El descubrimiento









Cuando se produce el descubrimiento de América, han trascurrido ya varios siglos en los que Europa había vivido tiempos esplendorosos bajo el signo de la cruz. Trono y altar caminaban en una misma dirección en estrecha colaboración, no siendo fácil distinguir donde acababa uno y donde comenzaba el otro. Se trataba de un orden universal instaurado en Occidente que había de ser reconocido con el nombre de Cristiandad y que venía a ser una comunidad de fieles repartidos en una diversidad de pueblos con la misma Weltanschaung, o lo que es lo mismo, una misma concepción del mundo que le permitía vivir bajo una misma norma moral, aceptar el mismo magisterio, profesar una sola fe y un solo bautismo. Venía a ser, como se ha dicho, la expresión de una Europa cristiana o lo que es lo mismo de un cristianismo europeo. La Cristiandad llegó así a ser una construcción político-religiosa, en unos tiempos en los que Dios era reconocido como el verdadero Señor de la Historia y punto de convergencia entre política y religión, donde hubo errores sí; pero también grandes aciertos.

Impulsados por el espíritu de esta Cristiandad y no tanto por las aspiraciones expansionistas, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando se embarcaron en la gran aventura del descubrimiento de un nuevo continente. En su ánimo estuvo siempre la intención de trasplantar el cristianismo a otras culturas. El interés de Isabel por la evangelización de los indios queda patente en su testamento, donde recuerda y pide que se recuerde que el principal fin por el que les han sido concedidos los territorios del Nuevo mundo ha sido la evangelización de sus moradores. Solo bajo este supuesto puede ser entendida la presencia de España en estos territorios.

Hoy cuesta trabajo entender como el espíritu del Evangelio pudo llegar a gobernar a los estados; pero hubo un tiempo en que esto fue ciertamente así y España es un claro ejemplo de ello. El 12 de Octubre de 1492, el mismo año en que la enseña de Cristo comenzó a hondear en las almenas de Granada, era descubierto el Continente Americano para la mayor gloria de Dios. Ya sé que la leyenda negra ha ensuciado este glorioso acontecimiento; pero la verdad histórica es la que es y con todo el derecho del mundo los españoles podemos sentirnos orgullosos de un cristianismo y una cristiandad promovida por nuestra Patria en tierras americanas. Largos y dolorosos siglos de reconquista habían puesto a prueba la reciedumbre de sus soldados, de sus misioneros y de sus místicos. La cristiandad había encontrado en España el más firme valuarte y el embajador más cualificado para llevar la Buena Nueva allende los mares y esto es lo que cada 12 de Octubre conmemoramos, asociado a la festividad de la aparición de Ntra. Señora del Pilar a Santiago que nos remite a los orígenes del cristiano ibérico. Es así como la Hispanidad entera celebra unida la llegada de la fe, permaneciendo asociada al sentimiento de hispanidad la idea de catolicidad.

Más que de colonización americana habría que hablar de cristianización. Esta ha sido la altísima misión que la historia tenía reservada a España. Como bien dice el famoso historiador Caturelli: «Es evidente que aquella ‘presencia benéfica’, la más profundamente benéfica ha sido la evangelización de todo un continente por obra de los misioneros de la España Católica”. Y cuando hablamos de la España evangelizadora estamos hablando de la España trasmisora de la fe cristiana por una parte y por otra de la forjadora de una nueva y fructífera cristiandad. De la instrucción cristiana se encargaron una legión de misioneros que atravesando mares, montañas, selvas, desiertos, ríos y llanuras llegaban a las tribus alejadas y allí pacientemente se acomodaban a sus usos y costumbres, aprendían su lengua o dialecto, para poderles trasmitirles el mensaje evangélico, administrarles los sacramentos, proporcionarles todo tipo de ayudas espirituales y si el caso lo requería hacer causa común con ellos, defendiéndoles incluso de los colonos desalmados que pretendían esclavizarlos. Misión cristianizadora y humanitaria la suya que casi siempre encontró respaldo, dicho sea de paso, en la Corona de España.

Poco a poco y con el paso del tiempo se fueron creando las condiciones necesarias para establecer una interrelación cada vez más estrecha que acabaría por compartir no solo formas de vivir , sino también de pensar, de actuar y de sentir, inspiradas en el espíritu cristiano. Era el comienzo de una nueva era, una prolongación de la vieja cristiandad europea, que estuvo auspiciada por los Reyes Católicos, el cardenal Cisneros y los mejores Austrias. La gran familia Iberoamericana aprendió a hablar y a rezar en un mismo idioma, su política estaba impregnada de un mismo espíritu cristiano, la sociedad acogía el magisterio de la Iglesia Católica, plasmado en las Leyes de Burgos 1512 que surgen como respuesta al sermón de Montesinos, donde se insiste en el compromiso evangelizador de la Corona. Posteriormente, en la misma dirección vendría las leyes de Indias en el 1542 que fueron obra de teólogos y juristas. De este modo, Instituciones, cultura, arte, educación acabaron hundiendo sus raíces en la sabiduría cristiana. El proyecto de vida abierto a la trascendencia llegó a ser compartido por la casi totalidad de las capas sociales tanto en la Península como en el Continente, si bien, como es natural, las culturas precolombinas de los aztecas y los incas seguían ahí y ello hacía que hubiera indios que no lograron desasirse totalmente de algún tipo influencias ancestrales o adherencias mitológicas. Aún así, se vivía bajo la presencia de Dios dueño del destino universal de los hombres y de los pueblos, pudiéndose decir que durante el periodo del Renacimiento y la Ilustración cuando la Cristiandad Europea daba muestras de agotamiento, en la Comunidad Iberoamericana el espíritu cristiano seguía siendo el alma del estado.

El alumbramiento de esta nueva cristiandad en el Nuevo Mundo fue sin duda, la gesta incomparable de la España católica, digna de ser emulada. Pienso que, en los tiempos que corren, no viene mal recordar estas cosas a los hombres y mujeres de esta nuestra sociedad un tanto desmemorizados que miran con desdén la presencia religiosa en la vida pública y que se escandalizan del pensamiento cristiano, de la cultura cristiana, de la política cristiana, de la moral cristiana.

Autor: Ángel Gutiérrez Sanz.

sábado, 2 de febrero de 2013

Ni yanquis ni marxistas ¡Peronistas!

Demoliendo mitos y calumnias de gorilas e infiltrados





EL LIBRO

CONTENIDO
PREFACIO
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESCRITA Y PUBLICADA
Mordisquito: ¡Y todavía me la querés contar! Juicio y reivindicación histórica al Peronismo.
CAPÍTULO I
Los mitos del Perón de derecha, el Perón de izquierda, el Perón liberal, el Perón de centro... Mito: El Peronismo liberal capitalista y la versatilidad doctrinaria. La Tercera Posición. Perón y la concepción del capital. Somos nacionalistas, pero no somos tontos. La ley 24.184/92.
CAPÍTULO II
El mito del Peronismo como fenómeno contingente y filosóficamente bastardo: pensar al Peronismo vs pensar desde el Peronismo. Derecha e izquierda como conceptos ajenos a las concepciones centrales del Peronismo. La tercera posición como síntesis dialéctica entre el liberalismo y el marxismo. La concepción del Socialismo en La Doctrina Social de la Iglesia. La concepción del Liberalismo en la Doctrina Social de la Iglesia. La Tercera Posición como concepción sui generis del Justicialismo. El humanismo político del Justicialismo como idea diferenciadora de las demás ideologías. Documento Anexo I.
CAPÍTULO III
La complicidad liberalismo-socialismo: el comunismo como invento del supracapitalismo. Un sucinto análisis de la finanza internacional comunista, por parte del supracapitalismo salvaje. Marx agente de las grandes bancas internacionales. ¿Quién financió a Lenin y a la Revolución Comunista de 1917? Más pruebas de la inexorable ayuda supracapitalista a la Revolución Rusa. El enemigo de mi enemigo: ¿Es necesariamente mi amigo? De pragmatismo y contradicciones.
CAPÍTULO IV
El Tercer Peronismo: cabeza de turco de las tropelías de diestros y siniestros. El mito liberal del Perón “Oportunista”: las víctimas victimarias. Perón, el hombre del destino. Los acertados vaticinios de Perón. Los verdaderos oportunistas demagogos. Illia y el mito del “viejito bueno”. Documento Anexo II. La revolución argentina y las “oportunistas” hazañas de Lanusse por tomar el poder. Lanusse: ¿Detrás del “Cordobazo” y del “Rosariazo”? La soberbia de Lanusse. ¿EL Gan o el Gam?: ¿Gran Acuerdo Nacional o Gran Acuerdo Militar? Perón y la vía electoral. A Perón no le dio las “hormonas”; pero sí el “cuero” y la “cabeza”. Perón y los diez puntos. El mito de la venia de Perón a la liberación a mansalva de presos.
CAPÍTULO V
El mito liberal-marxista del “Peronismo guerrillero-subversivo” como única forma de resistencia realizada. El mito de la culpabilidad de Perón del avance de la guerrilla y el comunismo en Argentina. La Pilatesca actitud de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas y el liberalismo preparando las condiciones necesarias para la instalación del comunismo en Argentina. La génesis gorila de montoneros. “El agente de provocación”. Una perlita sobre Walter Beveraggi Allende. Montoneros: ¿Servicios de contrainsurgencia del ejército liberal? ¿Quiénes mataron al general Aramburu?
CAPÍTULO VI
El mito del Peronismo marxista. La prueba de que a los comunistas “siempre los conoció naranjo”. Socialismo Nacional vs Socialismo Internacional. Cuestión geopolítica: el mito del Peronismo castrista. El mito del lema: “El Che y Perón, un solo corazón”. El mito del Perón continental-comunista. Perón y sus diferencias con Allende. Perón y sus disidencias con Castro. John William Cooke vs Perón. El mito del giro a la izquierda de Perón. El mito del Perón “antimilitarista”. El “Cookeismo” como desencadenante del camporismo y contra el Peronismo. El mito de la traición de Perón a los montoneros y a la izquierda . Perón ordenó el cese del fuego en 1972. “Perón es Perón y no lo que nosotros queremos”. El mito de la izquierda revolucionaria: la revolución de la parla frente a las revoluciones peronistas materializadas. José Ignacio Rucci también los conocía naranjos.
CAPÍTULO VII
¿El anticamporismo de Cámpora? El discurso del “Presidente que sí fue”, pero que algunos desearon que “no haya sido”. El inicio del desplazamiento “del presidente que no fue (Peronista)”. Subversión ajena a la resistencia Peronista. Cámpora, el presidente que “se fue” (de la doctrina). La masacre de Ezeiza. El inesperado retorno, del retorno tan esperado. Perón al gobierno, Cámpora a su casa... Confesiones de un hijo pródigo. Perón al gobierno, Perón al poder. Creando excusas: el mito del lema “Burocracia Sindical”. El cuento de la buena pipa: combatir a Perón y al Peronismo ¿Para salvar a Perón y al Peronismo? De lemas y de motes: el mito del cántico “si Evita viviera sería montonera” vs la realidad como única verdad: “si Evita viviera sería compañera”. El mito del Perón senil “entornado”. El mito de “la plaza vacía tras la ruptura con montoneros”. “De descamisados a descamisetados”. Otra perlita distractiva… Más papistas que el Papa… Los mitos montoneros. Documento Anexo III. El mito del “Federalismo Montonero”. Mito: los falsos socialismos de Latinoamérica son filosóficamente Peronistas.
CAPÍTULO VIII
La fábula del estado Peronista terrorista . Dentro de la Ley, todo. Fuera de la Ley, nada. La Ley de Defensa Nacional: saboteada por los acólitos de la guerrilla y por los de las Fuerzas Armadas. Dentro de la Ley, con la policía. El mito de las armas entregadas por el Estado. El mito de la responsabilidad de María Estela de Perón, de los terrorismos. El mito de la complicidad del alfonsinismo para dejar impune la supuesta responsabilidad de la Presidente. “El mamarracho jurídico”. El falso mito de la venia de María Estela de Perón a la Triple A. La misiva de María Estela de Perón, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Documento Anexo IV. Éramos pocos y apareció Videla. El colmo de las coincidencias entre el “Condenado” Videla y su “juzgador” Alfonsín… Trilpe A o Trilpe M: Mentiras, Monto-Militares. Los mitos de Horacio Salvador Paino. El mito del asesinato de Rucci en manos de la AAA. El alevoso mito del homicidio del Padre Carlos Mugica de manos de la “Triple A”. El tan idolatrado José María “Pepe” Rosa, nos ratifica. Otras pruebas. Ver la paja en el ojo ajeno, sin percatar la viga en el ojo propio . Cualquier similitud con el caso Luis Gerez, no es pura coincidencia. De verdades judiciales y de verdades históricas. José López Rega: Chivo Expiatorio para diestros y siniestros. Dónde se corta la cadena… El mito de las publicaciones criminales, como medios de difusión oficiales del Peronismo. El mito de la ineficacia del gobierno Peronista, en la lucha contra la subversión.
CAPÍTULO IX
María Estela Martínez (de Perón y de los argentinos, historia de una lealtad). Un prodigioso pasado desconocido. Sus encuentros con Perón. De compañera doméstica, a compañera política. El segundo retorno de la Señora Perón al país. Historia de una voluntad. Perón al cuadrado: la potencia de una fórmula. El mito de las supuestas ambiciones personales y políticas de María Estela de Perón . Las revolucionarias obras de gobierno de María Estela de Perón, insuperables al día de hoy. El mito de la ineptitud gubernamental.
CAPÍTULO X
Los mitos del Proceso de Reorganización (anti) Nacional. El mito de la falta de apoyo popular al gobierno nacional. El apoyo incondicional de los trabajadores a la Señora Perón. Ítalo “Antiargentino” Lúder y la conspiración contra María Estela de Perón. El mito de la corrupción del gobierno derrocado. La sana convicción y la lealtad a una causa, como considerandos de su prisión. El mito de la ineptitud presidencial del gobierno derrocado. El mito del manejo irresponsable de la economía. Romper o no romper con el Pacto: es ese el problema… El mito de la “proclamada” complacencia del gobierno con la subversión. Las Fueras Armadas Liberales, verdaderos “complacientes” de la subversión . Graiver, sionismo, montoneros. El cerebro del golpe de estado. Inglaterra y la caída de María Estela de Perón. Inglaterra y la subversión. Documento Anexo V. Documento Anexo VI. Documento Anexo VII. Haciendo honor a su apellido marital, acertaba vaticinios futuros. ¿Por qué María Estela es de Perón?
CAPÍTULO XI
La Constitución de 1949. Mito: La Constitución de 1949 fue ilegítima porque no se respetaron las minorías. El constitucionalismo social es inaplicable en el mundo globalizado. Mentiras y mitos sobre la ilegitimidad de la Constitución de 1949 y la legitimidad de la Constitución de 1957.
CAPÍTULO XII
Aditamentos agraviantes al Peronismo. Mito: Perón era nazi–fascista. Mito: Perón era anticatólico (Críticas al nacionalismo católico).
CAPÍTULO XIII
María Estela Martínez de Perón y las Islas Malvinas.
CAPÍTULO XIV
Agregado Póstumo. El Showmatch cambalachesco de la política post 1955. Mito: La excomunión de Perón… un dato interesantísimo. El General Perón y los sucesos de la quema de las iglesias. Perón y sus genuinos enemigos de la sinarquía. Martita Lonardi: ¿Hipocresía gorila o una cuestión sanguínea “numás”? La quema de la bandera en el Corpus Christi ¿Borlenghi judío? Peronismo e iglesia. La iglesia peronista. Perón y su análisis de la cuestión clerical en “La fuerza es el derecho de las bestias”.
CONCLUSIONES
El “Showmatch Cambalachesco”.
PRAXIS PARA EL SIGLO XXI
APÉNDICE PARA EL AÑO 2010
Análisis oncológico de la Argentina terminal
APÉNDICE PARA EL AÑO 2011
Análisis de la situación actual.
EPÍLOGO


SOBRE EL LIBRO
“Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”, reza la máxima Justicialista. Los gobiernos cipayos o gorilas mucho han dicho, mientras que lo que han hecho, poco feliz ha sido para los intereses soberanos de los argentinos. Hacia 1956, el gobierno dictatorial asumido un año antes con la connivencia de todas las Internacionales Sinárquicas, dictaba el decreto 4161 de proscripción del Peronismo. Puesto que, a pesar de las censuras imperantes a fuerza de legislaciones arbitrarias, fusilamientos y persecuciones laborales, no se lograra cercenar el nombre de Juan Domingo Perón de la boca y de la grata memoria de los argentinos, los enemigos del Justicialismo idearían un maquiavélico plan más perfecto y consolidado para análogos fines: “la estrategia del entrismo y de la tergiversación doctrinaria”. Así, no pudiendo contra su enemigo, el tres veces Presidente Constitucional de la Nación Argentina, se pretendió corromper las bases doctrinarias y las realizaciones del Peronismo desde adentro del Movimiento Nacional, y con el aditamento de la consolidación de una dictadura del pensamiento único que pronto impondría la aceptación generalizada de mitos y calumnias para menoscabar y corromper la memoria auténtica del Justicialismo y su líder. Con estas anodinas tácticas, se pretendió hacer de la propia historia del Peronismo un mero mito pasado e irreal.
En “Ni yanquis ni marxistas ¡Peronistas!”, el autor derriba una a una dichas calumnias históricas vertidas por intelectualoides detractores del General Perón y su doctrina, desenmascarando a los oportunistas de turno post 1976, que con el argumento de los “aggiornamientos” y del tan coreado lema de que “muerto Perón nadie tiene el Peronómetro”, lo único que pretendieron realmente ha sido justificar defecciones, procederes “arribistas” y facilistas claudicaciones. Se consolida en esta obra, el “ni yanquis ni marxistas” de ayer; “ni globalistas ni progres”, en sus actualizaciones del hoy. Simplemente ¡Peronistas!


SOBRE EL AUTOR
Diego Nicolás Ceferino Mazzieri. Estudiante de Derecho en la Pontificia Universidad Católica Argentina. Nació el 20 de Agosto de 1988 en la ciudad de Rosario, Pcia. invencible de Santa Fe, Argentina.
Premiado como uno de los ganadores del “Concurso Anual Eva Perón”, por el Honorable Senado de la Nación, el 1º de diciembre de 2005, otorgándosele “Diploma de Honor” (D.R. 1610/04 y signado por el entonces Presidente del Senado, Daniel Scioli, y la entonces Señora Presidente del Jurado, Senadora Nacional Mabel Müller). En aquella ocasión, en el Salón Azul de la Alta y Honorable Cámara, ante la presencia de reconocidas e históricas autoridades de los partidos justicialista y radical, el autor del presente libro que por entonces contaba con 17 años de edad, oficializó sus deseos como joven ciudadano. Fueron sus palabras: “He escuchado en este histórico salón grandes reivindicaciones de quienes se dicen peronistas hacia la obra del Tte. Gral. Juan Perón; y de quienes se dicen radicales hacia la obra del Dr. Hipólito Yrigoyen. Elocuentes palabras que a la salida de este evento quedarán tan perdidas como el salón que integra este palacio (Pasos Perdidos). Denoto que las obras del radicalismo y del peronismo se han reivindicado solamente en las palabras, pero en la praxis, solo veo en los funcionarios públicos ulteriores a 1983, infiltración, traición y cipayismo.
"La consigna que se me planteó para hablar en estos micrófonos era que manifieste mis deseos como joven argentino, y así lo haré, sin verter más juicios. Mi deseo como joven argentino integrante del pueblo, es que quienes se dicen radicales obren como radicales, y quienes se dicen peronistas actúen como peronistas. Solo así tendremos una Patria y un futuro que garantice nuestra felicidad”.
En la presente obra, el autor, manifestándose Peronista y pensando y obrando como tal, pretende con pruebas y fundamentos, derribar todos los mitos y calumnias que a lo largo de la historia, gorilas e infiltrados han inventado contra el Movimiento Nacional Justicialista.


Fuente: http://www.diegomazzieri.com/

lunes, 21 de enero de 2013

Luis Alfonso de Borbón se opone al «matrimonio» homosexual y defiende los derechos del niño








Los dos candidatos al trono de Francia afirman su compromiso con la identidad cristiana de Francia, la familia y la vida.

Para muchos de sus partidarios galos, Luis Alfonso de Borbón llevaba ya demasiado tiempo en silencio. Baste decir que su última aparición pública el país vecino tuvo lugar en pasado mes de junio, con motivo de una recepción que tuvo lugar en París para presentar oficialmente a sus dos hijos gemelos, nacidos en 2010 tres años después de su primogénita, Eugenia.

Siete meses después ha vuelto a irrumpir en la vida pública francesa para oponerse de forma contundente al proyecto de ‘matrimonio’ gaypromovido por el presidente François Hollande. Cinco días antes de la manifestación publicaba una carta a través de su página en la que criticaba la banalización de la institución matrimonial, hasta el punto de querer “hacerla extensiva a personas del mismo sexo y, en consecuencia, permitir la filiación, así como la adopción de hijos".

De ahí que el duque de Anjou -el título que usa en Francia- se pregunte: “¿Qué sería de nosotros si nuestros padres, nuestros antepasados, no hubieran seguido este proceso natural, institucionalizado y santificado por el matrimonio cristiano? ¿Cómo aceptar que se establezca el derecho a un niño aun en contra de los derechos del propio niño?”

A continuación el duque sitúa su argumentación en perspectiva histórica: “¿Qué sería de nosotros si nuestros padres, nuestros antepasados, no hubieran seguido este proceso natural, institucionalizado y santificado por el matrimonio cristiano?”


Heredero de los Capetos
No es de extrañar que Anjou utilice palabras como “nuestros padres”, “antepasados” o “proceso natural”: lo hace porque para la opinión pública francesa es el heredero de una arraigada tradición, la de los Capetos que -desde Hugo Capeto a Carlos X- reinaron durante casi ocho siglos sobre Francia. Fue esta estirpe la que dio forma a Francia como nación y la que le imprimió una identidad cristiana (aunque las políticas de un capeto, Felipe IV el Hermoso, ya en el siglo XIV, tuviesen tintes anticlericales). 

Si bien Luis Alfonso pertenece a una rama de los Borbones que renunció al trono español hace ya ochenta años, conserva, para sus partidarios, toda su legitimidad como sucesor más próximo de los Borbones franceses, una vez extinguida la línea directa de éstos con la muerte sin hijos, acaecida en 1883, del conde de Chambord, nieto de Carlos X. 

Muerto Chambord, los legitimistas consideraron como sus pretendientes a los reyes carlistas y, extinguidos estos, a los descendientes en línea masculina del infante Francisco de Asís de Borbón, es decir, Alfonso XII, Alfonso XIII; luego el primer hijo varón de este último con descendencia, el infante don Jaime de Borbón y Battenberg, a quien sucedió su hijo mayor Alfonso, duque de Cádiz y de Anjou. Muerto éste en 1989 en un trágico accidente de esquí, Luis Alfonso, su único hijo superviviente, pasó a asumir la herencia capeta.


La rivalidad Orleáns: dinástica... y profamilia y provida
No lo entienden así los Orleáns, descendientes del rey liberal Luís Felipe: según ellos, a través del Tratado de Utrecht, los Borbones de España renuncian para siempre a la corona francesa. En cambio, para los legitimistas, un tratado internacional no deroga por sí solo las leyes históricas del reino de Francia, que siguen prevaleciendo. 

La rivalidad dinástica entre ambas ramas no solo sigue hasta hoy sino que se intensifica a cuenta de los valores. Juan de Orleáns, duque de Vendôme, heredero de los Orleáns, lleva años recorriendo Francia de cabo a rabo y no pierde ocasión de recordar que el cristianismo es intrínseco a la identidad de Francia: “Pienso como un príncipe cristiano; actúo como un príncipe francés”. Además, a principios del pasado mes de diciembre, hizo acto de presencia en un congreso provida celebrado en Biarritz.

Esa es, seguramente, la razón que ha llevado al duque de Anjou a pronunciarse tan nítidamente en contra del ‘matrimonio’ gay: no puede dejar toda la visibilidad mediática al Orleáns, más si se tiene en cuenta que en los últimos años ha vivido en Nueva York, en Caracas y en Madrid; pero no en Francia. 

Lo que no significa que descuide el país vecino, al que viaja con frecuencia y en muchas de cuyas zonas ha sido recibido por las autoridades. Todos los años, a mediados de septiembre,suele presidir en París la misa de la Fundación de los Inválidos, en la iglesia del mismo nombre, rodeado de obispos, jefes militares y ex combatientes. Hace dos años asistió al octavo centenario de la catedral de Reims, lugar de coronación de los reyes de Francia, y en 2010 ofreció una multitudinaria rueda de prensa con motivo de la autentificación de la cabeza de Enrique IV. 

J.M. Ballester Esquivias / ReL

MÁS SOBRE LA GUERRA DE LAS MALVINAS




Por Ricardo Díaz
El 2 de abril de 1982, cuando Argentina recupera las islas Malvinas, usurpadas en el siglo XIX por los piratas ingleses, la Plaza de Mayo se cubrió totalmente de argentinos victoreando, digamos que colapsó y la muchedumbre llegaba hasta el obelisco. Bien, una vez perdida la batalla, la reacción de los exitistas argentinos, a la manera de las hinchadas de fútbol, como es de rigor en este país de valientes para reclamar a los tiros a lo clubes cuando pierden tres partidos seguidos, y también valientes y esmerados para los juegos de azar, fue totalmente contraria, y al ser reporteados por los medios de comunicación, muchos, y entre ellos personas muy conocidas, muy populares, y algunos del ámbito futbolístico, dijeron que “¿para qué Argentina había ido a la guerra, si no podíamos matar ni a un mosquito?”. Para estas personas envío esta lista recordatoria:
Pérdida de aeronaves británicas:
- Sea Harrier FRS.1 ----------------6
- Harrier GR.3 ---------------------- 4
- Helicóptero Chinook HC.1 ------3
- Hel. Sea King HC. 4/HAS.5 ----- 5
- Hel. Wessex HAS.3/HU.5 -------- 9
- Hel. Lynx HAS.2 -------------------3
- Hel. Scout. AH.1 -------------------1
- Hel. Gazella AH.1 ------------------3
Naves británicas hundidas:
- HMS “SHEFFIELD” - Destructor
- HMS “ARDENT” - Fragata misilística
- HMS “ANTELOPE” – Fragata misilística
- F4 “FEARLES” - Lanchón de desembarco
- HMS “COVENTRY” - Destructor
- SS “ATLANTIC CONVEYOR” - Porta contenedores
- RFA “SIR GALAHAD” – Buque de desembarco
Fuera de Combate:
- HMS GLASGOW – Destructor
- HMS “ANTRIM” – Destructor
- HMS “ARGONAUT” – Fragata misilística
- HMS “TRISTRAM” - Buque de desembarco logístico
- HMS “GLAMORGAN” – Destructor misilístico
Averiados:
- HMS “ARROW” - Fragata misilística
- HMS “ALACRITY” - Fragata misilística
- HMS “BRILLIANT” – Fragata
- HMS “BROADWORD – Fragata
- HMS “SIR LANCELOT” – Buque de desembarco
- HMS “ SIR BEDIVERE” – Buque de desembarco
- HMS “AVENGER” – Fragata
- HMS “PLAYMOUTH” – Fragata
- HMS “HERMES” – Portaviones
- HMS “INVENCIBLE” – Portaviones (aunque los piratas no lo quieren reconocer)
- HMS “ EXETER” – Destructor
Oficiales, suboficiales y soldados británicos muertos:
- Ejército: 118
- Rgto de Paracaidistas: 39
- Serv. Especial Aéreo (SAS) . 19
- A bordo de las naves RFA: 43
- Royal Navy : 75
- Royal Marines: 27
- Royal Fleet Auxiliary: 4
- Royal Air Force: 1
- Agentes civiles: 26
- Civiles : 3 mujeres isleñas ( la fragata HMS “Avenger” cañoneó su casa por error)
- Total de bajas británicas: 369 hombres y 3 mujeres.
Mosquitos derribados: NINGUNO.-

lunes, 24 de diciembre de 2012

Dr. Pablo Bava Bussalino: La amistad construida en el tiempo



 Doctor Pablo Bava Bussalino



Escribe Dra. Mary I. L. Mitchell

Gracias a la familia de Pablo: a su esposa Stella y a sus hijos por darme esta oportunidad de recordarlo al cumplirse dos años de ausencia.
Es posible que amigos más cercanos tuvieran prioridad para expresarse en esta oportunidad, pero estoy segura que todos quienes realmente lo conocimos coincidimos en que si algo nos dejó y perdura, es el respeto y el cuidado de la “amistad” que con presencia inalterada supo ir construyendo con su forma de “ser” educada y calida, día a día y a través de los años, en su trayectoria en busca de las relaciones humanas, siempre posible cuando se comparten valores esenciales, mas allá de las disidencias formales.
Conocí a Pablo en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata y no fueron las coincidencias, sino los enfrentamientos ideológicos de dos enfoques estudiantiles entonces irreconciliables en lo político, histórico, y sociológico, los que pusieron nuestros ideales con banderías de distinto color en esos tiempos.
Corrían los últimos años de la década del cincuenta: teníamos toda la rebeldía- inexperta pero incontaminada- de la juventud que, sin intereses personales, nos llevó desde distintas posiciones a enfrentar una realidad que queríamos cambiar en injusticias sociales, libertades ciudadanas, sistema de enseñanza, etc.
En mi caso, encontré ese espacio en la agrupación reformista “Unión Universitaria” de la Facultad de Derecho (la de los Rajneri, Bravo, Balbín (hijo), Sergio Karacachof y tantos otros que después llevaron esos ideales a sus vidas profesionales, algunos con altos costos).
La Reforma Universitaria (la del movimiento estudiantil cordobés del año 1918: unión obrero estudiantil, extensión universitaria, enseñanza publica, gratuita y laica, etc.) instaló proyectos en busca de una sociedad mas justa: sin exclusiones: y sobre todo, de respeto a los derechos de la libertad del hombre y del ciudadano, con tolerancia y solidaridad.
Pablo militó fuera del movimiento reformista, en la agrupación “Estudiantes Libres”, fuertemente nacionalista y encuadrada dentro de plataformas políticas venidas del revisionismo histórico, y también con altos ideales sostenidos con sus propias formas. Desde esta óptica, enfrentadas con la reformista.
Con esa distinta ubicación de pensamiento- político y social-, fuimos “opositores” en la militancia estudiantil.

Ya profesionales, nuevamente ambos radicados en Junín y con amigos en común, quedaron atrás las vallas de las diferencias ideológicas y sin resignarlas, pudimos empezar razonablemente y con madurez adulta, a discutirlas mediante un dialogo constructivo e instructivo.
Habíamos crecido intelectualmente: podíamos confrontar opiniones sin imponerlas. Y estas comenzaron a enseñarnos a ser “amigos” con base en el respeto por las ideas del otro.
Y en ese intercambio de puntos de vista, en esta segunda etapa, aprendí a replantear algunos conocimientos a través de los contundentes argumentos expuestos por Pablo en crítica a la historia clásica argentina, y fuerte defensa al revisionismo (sobre Rosas, Rivadavia, Perón, las tierras de los pueblos originarios y el despojo de las campañas al desierto, etc.).
La disidencia fundada es el mayor de los aportes que podemos dar para que la verdad surja: solo se necesita que se la escuche y razone.
Pablo pudo transmitir sus verdades desde el estudio de la “otra” historia argentina.
Tan convincente fueron sus fundamentos, que me hicieron, algunos de ellos, volver a pensar sobre hechos y acontecimientos pasados en el país enseñados con otro relato. Y desde ese replanteo, conocer mejor la realidad.
Así de simple fue el comienzo de nuestra amistad; cuando empezamos a entender que aun sin coincidencias de opiniones, e incluso, con algunos enfoques que eran irreconciliables, pero no por eso, menos dignos de consideración, respeto y tolerancia por las posiciones del otro.
En lo ideológico, Pablo fue un hombre duro y frontal.
En lo personal, humilde y siempre dispuesto a ayudar a sus amigos y a la gente: solidario con las necesidades de los demás, nunca ausente donde se lo necesitaba. Fue buena persona. Acompañó a sus amigos en malos momentos y lo hizo de la manera más difícil: llevándoles su compañía con calidez y comprensión, porque esa era su forma de “ser” naturalmente humanitaria.
Es decir, detrás de ese hombre recio en sus convicciones políticas, situadas en el otro extremo de planteos opuestos, con su humildad personal hizo posible construir vínculos de amistad con cimientos sólidos. Y desde allí, ayudar con solidaridad sin que lo llamen: la calidad humana de Pablo apoyó a mi familia en tiempos largos de enfermedad, que nos hace estimarlo en su real dimensión cristiana.
Por todo esto, lo extrañamos mucho: porque con sus actos acompañó a sus amigos, más allá de cualquier otro factor de distancia.

Fuente: www.laverdadonline.com

domingo, 23 de diciembre de 2012

ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA EN LA "CARITAS IN VERITATE"







Por Ángel Galindo García.

En el título de Caritas in veritate aparecen los dos términos fundamentales del magisterio de Benedicto XVI, exactamente son la Caridad y la Verdad. Los dos términos han marcado todo su magisterio en estos años de pontificado, en cuanto que representan la esencia misma de la revelación cristiana. Estos, en su conexión, son el motivo fundamental de la dimensión histórica y pública del cristianismo, están en el origen, pues, de la Doctrina Social de la Iglesia. En efecto, “por esta estrecha relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, también las de carácter público. Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente” (n. 3).

Situamos la encíclica Caritas in veritate en el contexto del pensamiento y del magisterio de Benedicto XVI. Su primera encíclica Deus caritas est, de la teología de la caridad, contenía indicaciones sobre la doctrina social (nn. 26-29). Ahora estamos frente a un texto dedicado íntegramente a esta materia. Pero salta a la vista que el concepto central sigue siendo la caritas entendida como amor divino manifestado en Cristo. Ésta es la fuente que inspira el pensamiento y la acción del cristiano en el mundo. A su luz, la verdad se convierte en “don…, no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe” (n. 34). No puede ser reducida a un simple y buen querer humano o a filantropía. En este apartado deseo en primer lugar comentar la tarea de la doctrina social en el conjunto de la misión de la Iglesia, y después trataré un principio suyo: la centralidad del hombre.

1. La doctrina social en la misión de la Iglesia

1.1. No está la Iglesia para crear una sociedad justa.

Cristo ha fundado la Iglesia para que sea sacramento de salvación para todos los pueblos (Lumen Gentium, 1). Su misión específica escapa a un malentendido frecuente: secularizarla hasta hacer de ella un agente político. La Iglesia inspira a la política, pero no hace política. Retomando Populorum progressio, la encíclica Caritas in veritate afirma con claridad: “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados” (n. 9). La Iglesia no es un partido político, ni un agente de la política. ¡Ay de quien redujera la misión de la Iglesia a ser un movimiento intramundano de presión para obtener resultados políticos! El mismo Card. Ratzinger se opuso en los años ochenta, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, enfrentándose con algunas teologías de la liberación, a este posible malentendido (Instructio de 6.8.1984 [=Libertatis nuntius]).

Esto implica, a su vez, que la Doctrina Social de la Iglesia no es una “tercera vía”, o sea, un programa político que hay que realizar para conseguir una sociedad perfecta. Quien lo piense así tiene paradójicamente el peligro de preparar una teocracia, donde los principios válidos en el discurso de la fe llegan a ser tout court principios que hay que aplicar al vivir social, tanto para quien cree como para quien no cree, utilizando incluso la violencia. Frente a tales errores, la Iglesia salvaguarda a la misma vez la libertad religiosa, la justa autonomía del orden creado, como ya afirmó el Concilio Vaticano II.

1.2. La Doctrina Social de la Iglesia es un elemento de la evangelización

En positivo, la encíclica Caritas in veritate expresa distintos momentos el significado de la Doctrina Social de la Iglesia, p.e., en el n. 15, cuando establece la relación entre evangelización y promoción humana, partiendo de Populorum progressio. Mientras que hasta ahora el acento de la doctrina social se ponía principalmente sobre la acción para promover la justicia, ahora se aproxima, en sentido amplio, a la pastoral: la doctrina social es reconocida como elemento de la evangelización. Es decir, el anuncio de Cristo muerto y resucitado que la Iglesia proclama a lo largo de los siglos tiene una actualización específica también respecto al vivir social. Esta afirmación contiene dos aspectos.

No podemos leer la doctrina social fuera del contexto del evangelio y de su anuncio. La doctrina social, como muestra esta encíclica, nace y se interpreta a la luz de la revelación.

Por otra parte, la doctrina social no se identifica con la evangelización, pero es un elemento de la evangelización. El evangelio mira al vivir del hombre también en sus relaciones sociales y en las instituciones que nacen de esta relación, pero no se puede restringir el hombre a su vivir social. Este pensamiento lo ha confirmado con vigor Juan Pablo II en Redemptoris missio (n. 11). Y por eso la Doctrina Social de la Iglesia no puede sustituir todo el trabajo del anuncio del Evangelio en el encuentro de persona a persona.

1.3. La doctrina social: no sin la revelación

Un breve recorrido histórico: con motivo de la revolución industrial (s. XIX) y de sus nefastas consecuencias la Iglesia llamaba la atención al Estado pidiéndole con urgencia que reaccionara para restablecer la justicia social y la dignidad de la persona en términos filosóficos. Después, con Pacen in terris, Juan XXIII principalmente llegaba hasta el horizonte de la fe y habla del pecado y de su superación mediante la obra divina de salvación. Juan Pablo II ha introducido después el concepto de “estructuras de pecado” y aplica la salvación también a la lucha contra la miseria humana. Su encíclica Sollicitudo rei socialis integraba la doctrina social en la teología moral: “por tanto, no pertenece [la Doctrina Social de la Iglesia] al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral” (SRS, 41). Según esta cita la doctrina social se mueve claramente en el campo de la teología. Los principios de la doctrina social no han quedado, pues, simplemente en filosóficos, sino que tienen su origen en Cristo y en su palabra. En Deus caritas est, Benedicto XVI escribe que la fe purifica a la razón y a la que ayuda así a crear un orden justo en la sociedad; aquí se sitúa la doctrina social (cfr. n. 28a).

Por tanto la doctrina social se mueve apoyándose en un discurso accesible a la razón, y por eso tiene como fundamento el derecho natural. Pero reconoce su dependencia de la fe.

La nueva encíclica trata de manera más explícita y más decidida todo esto, situándose en el terreno de la caridad. Enseña que “la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia” (n. 2). La caridad de la que aquí se trata es el “amor recibido y ofrecido” (n. 5) por Dios.

El amor de Dios Padre Creador y del Hijo redentor, derramado sobre nosotros por el Espíritu Santo, permite el vivir social del hombre en virtud de ciertos principios. Afirma para el desarrollo “que su centro sea la caridad” (n. 19). La sabiduría –se escribe también- capaz de orientar al hombre, “ha de ser «sazonada» con la «sal» de la caridad” (n. 30). Estas simples afirmaciones, que aparentemente se dan por sabidas, esconden importantes implicaciones. La Doctrina Social de la Iglesia se convierte exactamente en una ideología si se desliga de la experiencia cristiana. Lo cual es contrario a lo que Juan Pablo II enseñaba. O también se convierte en un manifiesto político sin alma. La doctrina social compromete, en cambio, en primer lugar al cristiano a “encarnar” su fe. Como escribe la encíclica: “la caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo” (n. 6). La Doctrina Social de la Iglesia responde a la pregunta formulada frecuentemente: “¿qué aporta el cristiano a la construcción del mundo?”

2. Una aproximación antropocéntrica

El corazón de la doctrina social continúa siendo el hombre. Ya he acentuado que en una primera fase la atención de esta doctrina social estaba principalmente orientada hacia las situaciones problemáticas de la sociedad: reglamentación del trabajo, acceso a un salario equitativo, representación de los trabajadores. Más tarde estas cuestiones han sido afrontadas desde una posición internacional: el desequilibrio entre ricos y pobres, el desarrollo, las relaciones internacionales. Con la acentuación teológica [de la doctrina social] Juan XXIII se presenta con más fuerza la pregunta sobre las incidencias de todo esto sobre el hombre. (Estamos en una segunda fase en la evolución de esta doctrina social). Juan Pablo II posteriormente ha reforzado ese conocimiento centrando la cuestión social sobre el problema antropológico. Este aspecto está fuertemente presente en el documento actual: “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad” (n. 2); “la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica” (n. 75). El progreso, para ser verdaderamente tal, debe hacer crecer al hombre en su totalidad; encontramos en el texto referencias al ambiente, al mercado, a la globalización, a la cuestión ética, a la vida, a la cultura, o sea, a los distintos ámbitos en los que el hombre explica su actividad. Este fin permanece como una preciosa herencia de la doctrina social desde sus comienzos. Pero andando más al fondo, la cuestión antropológica implica que se debe contestar a una pregunta central: ¿qué hombre queremos promover? ¿Podemos considerar verdadero desarrollo al que encierra al hombre en un horizonte intraterreno, hecho sólo de bienestar material, y que prescinde de la cuestión de los valores, de los significados, del infinito al que el hombre está llamado? ¿Puede sobrevivir una civilización sin referencias fundantes, sin mirar a la eternidad, negando al hombre una respuesta a sus interrogantes más profundos? ¿Puede haber verdadero desarrollo sin Dios?

En la lógica de esta encíclica se presenta a la vista, pues, con mucha fuerza un texto posterior. Quizá una tercera fase de la reflexión de la doctrina social. No por casualidad se ha planteado la caridad como punto que desanuda: la caridad divina a la que responde como acto humano una virtud teologal, como dije al principio. El hombre entonces no se sitúa sólo como objetivo de un proceso, sino como el sujeto de este proceso. El hombre que ha conocido a Cristo se convierte en actor de cambio para que la doctrina social no quede en letra muerta. Escribe Benedicto XVI: “el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común” (n. 71). Nos encontramos aquí en directa continuidad con la encíclica Deus caritas est, que en su segunda parte, ha considerado las características de quien trabaja en instituciones de caridad. Y la mirada se amplía al mundo de la vida pública, en donde asistimos con frecuencia, en el norte y en el sur, a fenómenos conocidos por todos, y que impiden el crecimiento de un pueblo: la corrupción y la ilegalidad (cfr. n. 22), la sed de poder (cfr Deus caritas est, 28). El “pecado de los orígenes”, como recuerda nuestro texto en el n. 34, impide en muchos lugares la construcción de la sociedad. También en quienes los guía. No se puede afrontar la cuestión social sin referirse a la cuestión ética. La encíclica hace referencia al hombre nuevo en sentido bíblico (n. 12). No hay sociedad nueva sin hombres nuevos. La doctrina social deja de ser papel o ideología sólo si existen cristianos dispuestos a vivirla en la caridad, con la ayuda de Dios. Mira la autenticidad de todos los que intervienen. Formula, sin disimulo: “lejos de Dios, el hombre está inquieto [=“e malato”, en el texto italiano] y se hace frágil” (n. 71). Es muy significativo que el último número de la encíclica (79) esté dedicado a la oración y a la necesidad de la conversión: Dios renueva el corazón del hombre para que este pueda dedicarse a vivir en la caridad y en la justicia. Por eso los cristianos no están simplemente en la ventana para mirar o para protestar, contagiados por la moderna cultura de la denuncia (Kultur des Einspruchs), sino que se dejan convertir para construir, en Dios, una cultura nueva. Esto también vale para los miembros de la Iglesia, de forma individual o asociadamente.

3. El progreso

Quiero terminar con una consideración sobre el concepto de progreso. Pablo VI –lo recuerda también esta encíclica- ha hablado de progreso de forma articulada (Populorum progressio, 21). Lamentablemente se ha pensado con frecuencia que el crecimiento humano es independiente respecto a la cuestión de la fe, de manera que por una parte existiría la promoción humana, y por otra el anuncio de la fe, como espacios separados. Pero en Populorum progressio el progreso, entendido cristianamente, culmina en la fe y en la caridad en Cristo [cfr. PP. 21]. Más que a unificar las dos dimensiones, este documento introduce un elemento posterior en el concepto de progreso: la esperanza (n. 34).

Como insistía Benedicto XVI en Spe salvi, la esperanza no puede ser la de un progreso que construya definitivamente un reino de bienestar en esta tierra (n. 30), porque este no hace cuentas con la libertad humana (n. 23-24): el fundamento de la esperanza cristiana, en cambio, es el don de Dios (n. 31). Por tanto la esperanza nos ayuda a no encerrar el progreso en la construcción de un reino aquí abajo, sino que nos abre al don: en Dios encuentra coronación el deseo del bien del hombre. Es en esta relatividad en la que la Iglesia formula su doctrina social y los cristianos encuentran en ella inspiración para su compromiso en este mundo.

4. Horizonte social de la teología

4.1. La sociedad necesita de principios fundamentales

También Caritas in veritate (CV), como todas las encíclica sociales, constituye una profundización sobre las verdades ya enseñadas por el Magisterio precedente para iluminar los problemas nuevos que aparecen colocan ante la humanidad. Con la presente intervención me gustaría detenerme para señalar las más importantes de estas novedades o, si preferimos, de estas profundizaciones.

Antes de destacar algunas cuestiones, querría indicar el punto de vista sintético asumido por la encíclica y que expresaré con la siguiente frase: el recibir precede al hacer. Sobre esto Caritas in veritate propone una verdadera y auténtica “conversión” hacia una nueva sabiduría social. Conversión desde una visión que parte de los hombres mismos, considerándolos únicos y constructores originarios de la sociedad y de la gramática que regula las relaciones entre los ciudadanos, hacia una visión que se pone a la escucha de un sentido que nos viene al encuentro, expresión de un proyecto sobre la humanidad en el que no mandamos nosotros. El hombre moderno se fatiga al leer en las cosas y en sí mismo significados que no están a su alcance, sintiéndose, por eso, interpelado por una palabra que suscita un compromiso y una responsabilidad que no son caprichos. La razón positivista lo transforma todo en un simple hecho, que lo único que revela es a sí mismo. Toda acción se reduce a producción. En cambio es necesario convertirse para tener una visión de la economía y del trabajo, de la familia y de la comunidad, de la ley natural puesta en nosotros y de lo creado puesto ante nosotros y para nosotros, como una llamada –la palabra “vocación” es recurrente en la encíclica- una asunción solidaria de responsabilidad para el bien común. Si los bienes sólo son bienes, si la economía sólo es economía, si estar juntos sólo significa ser “vecinos”, si el trabajo sólo es producción y el progreso sólo crecimiento… si nadie “llama” a todo esto a ser más y si todo esto no nos llama a nosotros a ser más, las relaciones sociales recaen sobre sí mismas. Si todo es debido al azar o a la necesidad, el hombre permanece sordo, nadie en su vida le habla o se le manifiesta. Pero también entonces la sociedad será sólo una suma de individuos, no una verdadera comunidad. Los motivos para ser vecinos los podemos producir nosotros, pero los motivos para ser hermanos no los podemos producir nosotros.

Por eso Caritas in veritate sostiene que la verdad y el amor tienen una fuerza social fundamental precisamente porque no podemos dárnoslos nosotros solos. En el n. 34 de Caritas in veritate el Santo Padre Benedicto XVI explica muy bien que la verdad y el amor nos vienen al encuentro y logran que las cosas y los demás nos desvelen su propio significado, que no hemos producido nosotros y, haciendo esto, nos indican un cuadro de deberes en los que insertar los derechos. Amor y verdad no se pueden construir, planificar, pretender: siempre son un don recibido y atestiguan un exceso del ser respecto a nuestras pretensiones. Amor y verdad motivan nuestras expectativas y nuestras esperanzas y ponen orden a nuestras necesidades.

La sociedad tiene necesidad de principios fundamentales recibidos y no producidos por nosotros, tiene necesidad de ser con-vocada y no producida mediante un contrato. La sociedad tiene necesidad de verdad y de amor. El cristianismo es la religión de la Verdad y del Amor. Es la religión de la verdad en la caridad y de la caridad en la verdad. Cristo es la Sabiduría creadora y es el Amor redentor. La mayor ayuda que puede dar la Iglesia al desarrollo es el anuncio de Cristo.

4.2. Naturaleza de la DSI

De todo lo cual derivan las importantes precisiones que Caritas in veritate hace sobre la naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia; doctrina definida en la encíclica como “«caritas in veritate in re sociali», anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad” (n. 5). La primera se fija en que esta doctrina pertenece a la “Tradición” viva de la Iglesia, aspecto ya enunciado anteriormente, pero aquí con más profundidad. La segunda consiste en que el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia no es la realidad sociológicamente entendida, sino la fe apostólica. Estas importantes precisiones de Benedicto XVI provienen de considerar la importancia fundante de la Verdad y del Amor para la organización de la sociedad. El cristianismo tiene un auténtico derecho de ciudadanía en el espacio público en cuanto que desvela un proyecto de verdad y amor sobre lo creado y sobre la sociedad, la libera de la esclavitud de los propios límites y de las cadenas de la autosuficiencia. Pero haciendo esto el cristianismo no se impone desde fuera sino que responde a una expectativa de la realidad misma. La fe responde a una necesidad de la misma razón, a la que tonifica en sus fuerzas mientras le indica las propias verdades. Toda la encíclica está escrita bajo la guía del concepto “purificación”: Amor y Verdad purifican a la economía y a la política, no negándolas en su consistencia autónoma sino abriéndolas a su vocación verdadera y completa. De esta manera el cristianismo da a la economía y a la política aquello de lo que tienen necesidad, pero que por sí solas no pueden darse. La Doctrina Social de la Iglesia no podría hacer esto si asumiera el punto de vista sociológico; puede hacerlo si asume el punto de vista de la fe apostólica y anuncia al Dios “de rostro humano”. El corolario inmediato de esta precisión, y de no poca importancia, es que no se deben proyectar sobre el desarrollo histórico de la Doctrina Social de la Iglesia subdivisiones abstractas y de carácter ideológico y que entre la fase preconciliar de la Doctrina Social de la Iglesia y la conciliar no hay ninguna fractura ni tampoco contraposición. Se trata de precisiones de mucha fuerza orientativa tanto para la teoría como para la práctica, en coherencia con la hermenéutica correcta del Concilio Vaticano II ya enseñada por Benedicto XVI.

La idea de fondo de que el recibir precede al hacer explica otra novedad muy importante de Caritas in veritate. Los dos derechos fundamentales, a la vida y a la libertad religiosa, encuentran por vez primera un lugar explícito y consiste en una encíclica social. No es que estuvieran olvidados en las encíclica anteriores, sino que ciertamente aquí están ligados de manera sistemática con el tema del desarrollo y Caritas in veritate evidencia los retrocesos, también en el orden económico y político del desarrollo, cuado tales derechos no han sido respetados. En Caritas in veritate la llamada “cuestión antropológica” se convierte con todo derecho en “cuestión social”. La procreación y la sexualidad, el aborto y la eutanasia, las manipulaciones de la identidad humana y la selección eugenésica son valoradas como problemas sociales de primer orden que, si se gestionan según una lógica de pura producción, arruinan la sensibilidad social, minan el sentido de la ley, corroen a la familia y hacen difícil la acogida del débil. Estas indicaciones de Caritas in veritate no tienen sólo valor exhortativo, sino que invitan a un pensamiento nuevo y a una praxis nueva para el desarrollo que han de tener en cuenta las sistemáticas interconexiones entre los temas antropológicos ligados a la vida y a la dignidad humana y los económicos, sociales y culturales relacionados con el desarrollo. Ya no será posible, por ejemplo, plantear programas de desarrollo sólo de tipo económico-productivo que no tenga en cuenta sistemáticamente la dignidad de la mujer, de la procreación, de la familia y de los derechos del engendrado.

4.3. El recibir sobre el hacer

Otro tema nuevo de la encíclica es el tratamiento amplio del problema de la técnica que desarrolla en el capítulo VI. También aquí nos encontramos ante una novedad absoluta: es la primera vez que una encíclica afronta de forma tan orgánica este tema, tras los análisis antropológicos de Laborem exercens de Juan Pablo II sobre la técnica. La idea de fondo es que la crisis de las grandes ideologías políticas ha dejado el campo a la nueva ideología de la técnica o, podríamos decir, a la “tecnicidad” como mentalidad. Se trata del mayor desafío al principio de la precedencia del recibir sobre el hacer. La mentalidad exclusivamente técnica, en efecto, reduce todo a puro hacer. Por eso dicha mentalidad casa bien con la cultura nihilista y relativista.

Comprendamos con estas observaciones que Caritas in veritate hace una gran propuesta, cultural y de mentalidad, al servicio del auténtico desarrollo. Los recursos que hay que utilizar para el desarrollo no son sólo económicos, sino que están también los inmateriales y culturales, los de mentalidad y de voluntad. Se requiere un planteamiento nuevo sobre el hombre que sólo puede dar el Dios que es Verdad y Amor.

La referencia continua a la Verdad y al Amor infunde a Caritas in veritate una gran libertad de pensamiento con lo cual la encíclica elimina todas las ideologías que lamentablemente pesan todavía sobre el desarrollo. La gratuidad de la verdad y del amor conduce hacia el verdadero desarrollo porque también eliminan reduccionismos y visiones interesadas. Desde este punto de vista la encíclica tiene el gran mérito de eliminar visiones obsoletas, esquemas de análisis superados, simplificaciones de problemas que son complejos. Un excesivo reduccionismo a Norte-Sur de los problemas del desarrollo, tras el fracaso del reduccionismo Este-Oeste; una infravaloración de los problemas culturales del subdesarrollo; un ecologismo frecuentemente separado de una visión completa de la persona humana; la atención hacia los problemas económicos en un sentido estricto más que hacia los institucionales; una visión asitencialista y no subsidiaria del desarrollo son algunas de estas ideologías residuales que la encíclica supera con decisión. La atención, que se ha dirigido una vez más al hombre concreto, objeto de verdad y de amor y por eso mismo capaz de verdad y de amor.