jueves, 28 de agosto de 2014

Conferencia del Lic. Héctor L. Giuliano

 

“Crisis de la Deuda Pública 2014, hoy”

El Viernes 29 de Agosto a las 19hs en el Centro de Estudios Manuel Belgrano, ubicado en calle 44 N°828, entre 11 y 12, La Plata.

jueves, 21 de agosto de 2014

Conferencia del Dr. Enrique Díaz Araujo

 

 

“Salvador Allende y el comunismo en Chile”

 

El Viernes 22 de Agosto a las 19hs en el Centro de Estudios Manuel Belgrano, ubicado en calle 44 N°828, entre 11 y 12, La Plata.

sábado, 5 de julio de 2014

Presentación del libro “Los otros muertos” en La Plata

 

 

CIUDAD DE LA PLATA.  El viernes 11 de julio a las 18.30 hs. en el salón Auditorio del Colegio Santo Tomás Moro, ubicado en calle 44 N°828 (entre 11 y 12), estarán presentando Carlos Manfroni y Victoria Villarruel, su libro "LOS OTROS MUERTOS" en la Ciudad de La Plata! A todos los amigos de esa ciudad los esperamos, para compartir las experiencias y reflexiones sobre un libro que dimensiona la magnitud del terrorismo en Argentina y le brinda a nuestras víctimas del terrorismo la visibilidad, el respeto y el afecto que todas merecen!
Ante hechos como el ocurrido ayer, estar presentes es una cuestión de conciencia. ¡Gracias por difundir!

Fuente: www.celtyv.org

Víctimas olvidadas de los 70

 

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Por Carlos A. Manfroni | Victoria E. Villarruel

En Los otros muertos. Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los 70(Sudamericana), los autores se ocupan de los 1.094 muertos por las organizaciones armadas en la Argentina y sus familias, a las que “la historia y los DD.HH. han dado la espalda”, afirman. El libro echa luz sobre la idea de terminar con “la conversión del crimen en arquetipo del bien”. Aquí, la historia del asesinato del dirigente gremial Antonio Magaldi, en 1974.

El 25 de septiembre de 1973, Montoneros ejecutó el atentado que sus miembros y simpatizantes venían anunciando desde hacía tiempo en sus consignas y en sus necrófilos cantos de tribuna. Un comando cuidadosamente preparado asesinó al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, cuando se disponía a subir a su automóvil, dos días después de que Juan Domingo Perón fue elegido para su tercera presidencia. Ese crimen trazó una línea divisoria en la historia del peronismo en el país.

El asesinato de Rucci fue un acontecimiento del que no se podía retornar. Todos comprendieron eso. Magaldi también.

—El día de la muerte de Rucci fue uno de los pocos en los que, casualmente, papá pudo almorzar con nosotros: mamá, mis hermanos y yo –dice Sergio–. Mientras comíamos –continúa recordando–, tocaron el timbre. Papá fue a abrir y yo corrí detrás de él. Era Dionisio Pereyra, el secretario general adjunto de la CGT San Nicolás, que le anunció: “Lo mataron a José”. Papá hizo un gesto con las cejas que siempre se le veía cuando tenía un disgusto. “Bueno… ahora sigo yo”, dijo.

La memoria del hijo quedó intacta, congelada en aquel instante. El lo acompañaba siempre que podía; lo admiraba. ¡Qué dolor tan profundo, escuchar a un padre anunciar su propia muerte!

El 3 de abril de 1974, Antonio estaba volviendo a San Nicolás, de una reunión en la quinta presidencial de Olivos. Manejaba el automóvil en el que se desplazaba siempre para todas sus actividades, un Dodge GTX. Lo acompañaba Omar Michellarena, un amigo de la juventud, de las épocas del boxeo, quien advirtió que eran seguidos por un Ford Falcon. El vehículo de Magaldi era más rápido. Sin embargo, él quiso ver quiénes eran los que lo seguían; disminuyó la marcha y dejó que el Falcon se pusiera a la par del GTX. Michellarena vio que los ocupantes del Ford sacaban ametralladoras por las ventanas y golpeó en la cabeza a Antonio, para que se agachara. Los disparos pasaron por arriba y ellos aceleraron inmediatamente. Cuando llegaron a Baradero, hicieron la denuncia.

A la mañana siguiente, Sergio se levantó a las 8.00 para ir al colegio y su papá ya se estaba afeitando. Lo saludó cariñosamente, como siempre. Ese día, los taxistas de San Nicolás entraron en conflicto con la municipalidad, porque no querían autorizarles un aumento. Magaldi fue hasta al municipio para hablar con el intendente y arreglar el problema, como finalmente lo hizo. Al salir, tomó por la calle Francia, pasó por el diario El Norte y saludó al fotógrafo con la mano. Cuando dobló por Belgrano, para ir a la CGT, que estaba a una cuadra y media, le atravesaron un automóvil delante y otro atrás. Lo acompañaba José Cartelli, un amigo de los tantos que se ofrecían diariamente para no dejarlo solo frente a tantas amenazas. Los ocupantes de los vehículos que se cruzaron en el camino descendieron y comenzaron a disparar con ametralladoras, pistolas y escopetas. Cartelli se arrojó del auto y se refugió en un zaguán; pero los terroristas tenían bien claro cuál era su objetivo.

Sergio ya había vuelto del colegio y estaba ayudando a su abuelo –en realidad, el padrastro de Antonio– en un maxiquiosco que él tenía al lado de su casa. La madre no estaba en ese momento, porque había ido a comprar un regalo y algunas cosas para el cumpleaños de Tomy, que iban a festejar al día siguiente. Entró allí a los gritos una hermana de Antonio, que a la vez era su secretaria en la CGT… La vida de la familia cambió para siempre.

Al otro día, bajo la puerta del diario El Norte, una nota con forma de proclama revelaba que el Ejército Revolucionario del Pueblo se adjudicaba el asesinato. Sin embargo, Sergio obtuvo sin querer otro dato. En 1975, el año siguiente al del crimen, él había empezado a cursar en el Liceo Militar General San Martín, como quería su papá. Allí tenía un compañero que muchos años después fue vinculado con el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA): Carlos Telleldín.

Telleldín se acercó a Sergio y sacó el tema de Antonio Magaldi. “¿A tu papá lo mataron, no?”, preguntó Telleldín. “¿Y vos cómo sabés?”, repreguntó Sergio. Todos lo sabían, en realidad; pero el padre de Telleldín había sido jefe de la Policía de Córdoba y le contó una historia. En una escuela primaria de esa provincia, se escuchaban ruidos por la noche. Una maestra lo denunció, pero nadie prestó atención a su versión. La maestra insistió. Cuando la policía finalmente le creyó, verificó la información y montó una operación en la que detuvieron a varios guerrilleros que entrenaban en el área. Entre ellos, estaba Marcos Osatinsky, perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El confesó haber sido el autor del asesinato de Antonio Magaldi y también de otros delitos. Reconoció, además, que había ascendido en el escalafón jerárquico de su organización, a consecuencia de aquel acto. Años más tarde, un testigo le contó a Sergio que vio cuando Osatinsky reía mientras disparaba contra su padre.

Si el ERP actuó en esa operación junto con las FAR o si las FAR, después fusionadas con Montoneros, actuaron sola, es algo que queda por investigarse. De hecho, existen fotografías en las que aparece Osatinksy posando junto al líder máximo del ERP, Roberto Santucho.
Antonio Magaldi tenía 38 años, una esposa más joven, que no volvió a casarse, y cinco hijos: Sergio, Jorge, Tomy, Alejandra y Viviana.

En el entierro, hablaron el intendente, Eduardo Colbert, y el gremialista Naldo Brunelli, histórico dirigente de la UOM de San Nicolás, entre otros.
La gente cubría el enorme playón del cementerio y desbordaba de tal manera que algunas personas se habían subido a las bóvedas para poder participar del cortejo fúnebre.

A comienzos de 1976, Sergio dejó el liceo y, con 14 años, fue a trabajar a una chatarrería. Después, se empleó en el puerto. Entre los hermanos, ayudaron a Tomy, que se recibió de médico y, más adelante, de psiquiatra. Mientras tanto, la familia quedó en el mayor desamparo. La viuda cobraba una pensión magra y el sindicato le asignó un subsidio para que tuviera un pasar un poco más digno; pero cuando llegó el gobierno militar, en 1976, la intervención le retiró esa ayuda.

Sergio sentía todo el tiempo ganas de llorar, pero no quería hacerlo, por los hermanos. Jamás cobraron una indemnización ni se les ocurrió reclamarla. Siguen viviendo en el mismo lugar.

San Nicolás fue un semillero político y un centro de agitación en los 70. Allí habían nacido y actuaron algunos de los más conocidos líderes de grupos terroristas, como Enrique Gorriarán Merlo y Benito Urteaga, ambos del Ejército Revolucionario del Pueblo. También residieron en San Nicolás algunas de las víctimas de aquella locura, como Arturo Mor Roig y Antonio Magaldi; uno procedente del radicalismo y el otro, peronista. Hombres de vida austera, quienes encontraban en la familia y en el servicio la fuente de su felicidad personal.

El dirigente a quien, como a tantos otros, los grupos clandestinos habían incluido en la categoría que ellos llamaban, con petulancia, “la burocracia sindical”, aliada de la oligarquía, fue inhumado en medio del cariño de los trabajadores de su ciudad. Su familia quedó en la pobreza.

Muchos de quienes reivindicaron la “gesta revolucionaria” se enriquecieron, años después, a costa del patrimonio público. Parte de la conducción guerrillera vivió en Europa con el botín de los secuestros. Casi nadie les pregunta si para esto querían la revolución.

*Abogado.
*Abogada y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv).

    miércoles, 25 de junio de 2014

    Los obispos, preocupados por la deuda, piden unidad y responsabilidad a los dirigentes

     

     

     

    Buenos Aires (AICA): La comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió una reflexión ante la situación creada por el fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. El episcopado manifestó, citando al papa Francisco, que la economía centrada sólo en la especulación financiera “debilita las relaciones, posterga el desarrollo de los pueblos y compromete la equidad del orden internacional” y pidió a la dirigencia nacional “una actitud madura de unidad y responsabilidad para responder a la situación generada”.

    La comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió una reflexión ante la situación creada por el fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
    El comunicado del episcopado advierte la “preocupación pastoral” frente a las consecuencias que el fallo podría tener sobre las poblaciones más vulnerables y aseguró que la situación reclama con urgencia de toda la dirigencia “una actitud madura de unidad y responsabilidad para responder, en una justa negociación, a la situación generada”.
    La comisión ejecutiva del episcopado manifestó, citando al papa Francisco, que la economía centrada sólo en la especulación financiera “debilita las relaciones, posterga el desarrollo de los pueblos y compromete la equidad del orden internacional”. No obstante, se mostraron confiados de que “la buena disposición y la competencia profesional de nuestros dirigentes, fuerzas políticas, empresarios, economistas, gremialistas, pueda encontrar un ámbito de diálogo y de trabajo para dar solución a la situación planteada”.
    “Pedimos al Señor podamos crear las condiciones de encuentro y amistad social que nos permitan crecer y fortalecernos como Nación”, concluye la reflexión.
    La comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina está conformada por su presidente, monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz; el vicepresidente primero, monseñor Virgnio Bressanelli SCJ, obispo de Neuquén; el vicepresidente segundo, monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta, y el secretario ejecutivo, monseñor Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires. 

    Reflexión ante la situación creada por la deuda externa

    Hemos seguido con atención y preocupación pastoral la situación creada por la deuda externa y sus posibles consecuencias para nuestro país y la vida de nuestra gente, especialmente de nuestros hermanos más vulnerables, tras el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU. Este hecho reclama con urgencia de toda la dirigencia una actitud madura de unidad y responsabilidad para responder, en una justa negociación, a la situación generada.
    La cuestión económica es un tema central en la vida de los pueblos, pero siempre debe estar al servicio del bien común, del crecimiento integral de la persona humana y en el marco de la justicia. El orden económico no es independiente del orden social, ambos pertenecen al mundo de la ética y tienen en el hombre su sentido y referencia. Por ello, la economía centrada sólo en la especulación financiera debilita las relaciones, posterga el desarrollo de los pueblos y compromete la equidad del orden internacional (cfr. Papa Francisco, [c]Evangelii Gaudium
    , 55-60; 202-203).
    Vivimos momentos en los que más allá de la justa diversidad de pertenencias políticas, la sociedad necesita y espera actitudes y compromisos que expresen la conciencia de ser una Nación. El tema que nos ocupa pertenece a la vida del Estado Argentino. Confiamos que la buena disposición y la competencia profesional de nuestros dirigentes, fuerzas políticas, empresarios, economistas, gremialistas, pueda encontrar un ámbito de diálogo y de trabajo para dar solución a la situación planteada.
    Pedimos al Señor, que en este camino "Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad" (2010-2016) que aún estamos viviendo, podamos crear las condiciones de encuentro y amistad social que nos permitan crecer y fortalecernos como Nación. Que María Santísima, Nuestra Madre de Luján, nos acompañe con su protección maternal.

    Conferencia Episcopal Argentina. Comisión Ejecutiva. 24 de Junio de 2014.[/c]+

    martes, 24 de junio de 2014

    Monarquía y república

     

     

    JUAN MANUEL DE PRADA

    Desde que Juan Carlos I anunciara su abdicación, hemos tenido ocasión de escuchar muchas apologías (con frecuencia, meras logomaquias) de la monarquía y la república. Siendo completamente sinceros, hemos de reconocer que los apologistas de la república suelen ser, por lo común, mucho más convincentes que los apologistas de la monarquía, por una sencilla razón: sus apologías republicanas son sinceras y coherentes, mientras que las apologías monárquicas resultan siempre utilitarias, inconsistentes y molestamente aderezadas con cuadros amedrentadores de épocas republicanas pretéritas. La razón por la que los apologistas republicanos resultan más convincentes que los monárquicos es bien sencilla: mientras los republicanos creen en unos principios (que sean acertados o erróneos es otro cantar), los exponen y desarrollan sin ambages, los monárquicos escamotean sus principios (o simplemente no los tienen y los sustituyen por «razones de conveniencia»), de tal modo que sus apologías resultan vacuas, dejando además el fétido regusto de que solo desean preservar su posición.

    Afirmaba Donoso Cortés que toda gran cuestión política supone y desarrolla una gran cuestión religiosa. Esta observación fundamental no ha escapado a ningún pensador de cierta envergadura: así, por ejemplo (por citar a alguien en las antípodas de Donoso), Proudhon escribía en Confesiones de un revolucionario: «Es sorprendente que en el fondo de la política encontramos siempre a la teología». En efecto, no puede separarse la historia de las creencias religiosas de un pueblo de la historia de sus instituciones; y, todavía más, cada régimen político refleja las tendencias de la religión dominante en su época.El régimen político natural de la sociedad católica era la monarquía tradicional y representativa, que se convirtió en monarquía absoluta en los países protestantes. En España, la monarquía tradicional alcanza su apogeo cuando la sociedad era más netamente religiosa; y empieza lentamente a declinar cuando flaquean tales creencias y la monarquía se contamina de absolutismo.

    La monarquía tradicional creía en el origen divino del poder; la absolutista, en el origen divino de los reyes, cosa muy distinta, pues desde el momento en que el rey se cree un diosecillo es inevitable que acabe infatuándose: surge así el concepto de 'soberanía' definido por Bodino, al principio soberanía absoluta del rey, posteriormente soberanía popular en la era de las revoluciones, que no hacen sino transferir al pueblo un poder que ya había perdido, para entonces, su entronque divino. Y como la bajada del termómetro religioso apareja la subida del termómetro político, la soberanía popular, organizada democráticamente, hubo de fundar una serie de mitos políticos (a modo de sucedáneos de los dogmas religiosos, para llenar su hueco): derechos humanos, división de poderes, etcétera. Y, al lado de estos mitos políticos, una 'técnica' de funcionamiento que habría de consagrar una nueva modalidad de político que desempeña su labor sin fin moral alguno, según avizorase Tocqueville en La democracia en América: «He visto otros que, en nombre del progreso, se esfuerzan por materializar al hombre, queriendo tomar lo útil sin ocuparse de lo justo, la ciencia lejos de las creencias y el bien separado de la virtud: he aquí, se dice, a los campeones de la civilización moderna».

    Estos campeones de la civilización moderna ya no son guerreros dispuestos a ofrendar su sangre para proteger a su pueblo de los abusos del Dinero, al estilo de los viejos reyes, sino jugadores al servicio del Dinero (¡bien pagaos!) que se organizan en equipos (partidos políticos) y compiten en estadios (antaño parlamentos, hoy también platós televisivos), jugando a veces en casa (cuando gobiernan) y a veces fuera (oposición), para disfrute o cabreo de sus respectivas hinchadas; y el modo fetén de organizar este juego ¡la liga de campeones del mundo mundial! es la república.Lo cierto es que un rey no pinta nada en esta liga, ni siquiera como 'árbitro' (así llaman eufemísticamente los apologistas de la monarquía la posición del rey, aunque saben que más bien es un 'dontancredo'), porque los reyes lo son cuando mandan y son depositarios de una encomienda divina. Si el clima de la época rechaza tal encomienda, o simplemente no la reconoce, la monarquía ya no se puede defender sino mediante subterfugios, como ocurre siempre que se defiende algo escamoteando su verdadera naturaleza. De ahí que los apologistas de la monarquía resulten tan poco convincentes. A los pueblos sin teología solo les queda la república, coronada o sin coronar; y es que el moderno, como ironizaba Paul Valéry, se conforma con poco.

    Fuente: http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/juan-manuel-de-prada/20140622/monarquia-republica-7341.html